jueves, 24 de julio de 2008

HISTORIA MANRIQUE

HISTORIA DE MANRIQUE
COMUNA TRES MEDELLIN

A Alfonso Iral alguna vez lo llamaron “el Gardel de Manrique”, según cuenta él mismo. Tenía una profunda y melodiosa voz que en las noches tangueras hacía de las suyas en El Patio del Tango, cuando los cantores de la época, al fragor de las copas, entablaban mano a manos hasta bien entrada la madrugada.
Este “Gardel Criollo” tiene 84 años, pero no los aparenta, máxime cuando fue testigo del acelerado y desaforado crecimiento de un Manrique que sufrió profundos cambios, iniciados en el auge de la urbanización a principios de la década de 1920. Cambios dados, entre otras cosas, por la llegada de cientos de personas en busca de mejores oportunidades en una ciudad que despuntaba; por el incentivo dado a la construcción de barrios obreros debido a la creciente industrialización; por la instauración del tranvía como principal de transporte; y por hechos como la violencia partidista, que exilió a miles de personas provenientes en gran parte del Oriente Antioqueño.
“Yo tenía cuatro años cuando conocí a Medellín. Fue en 1926 la primera vez que vine con mi padre, quien me trajo para que mientras él repartía la mercancía que traíamos, yo le cuidara las mulas”, apunta don Alfonso. Mientras su mirada se pierde en el recuerdo, toma un nuevo aire, y agrega que “yo me vine definitivamente para Medellín en 1932, y en 1935 me vine a vivir a Manrique, un barrio compuesto por unas cuantas casitas que iban desde la 45 hasta la 76 en la quebrada La Honda, hasta donde llegaba El Tranvía. De ahí para arriba eran predios, mangas en donde habían árboles frutales y a donde íbamos con los amigos y las muchachas a jugar al escondite”.

EL TRANVIA FUE EL EJE

Manrique tuvo como eje central de su nacimiento y configuración al mítico Parque Bolívar y a La Catedral de Villanueva (hoy Basílica Metropolitana), y debido al influjo de la construcción del tranvía, se fue poblando en la misma dirección en que se proyectaba la ruta. “Se dice del barrio que nació gracias al tranvía, y sin lugar a dudas este medio de transporte dinamizó su desarrollo” . Su conformación comienza a principios de la década del veinte, inicialmente mediante el sistema de urbanización pirata, en el que cientos de familias se asentaron y construyeron ranchos sin ningún tipo de especificación.
“Este barrio fue la principal realización en Medellín de la Compañía de Seguros y Urbanización”, de gran importancia en la época en procesos urbanizadores y de propiedad de los hermanos Manuel J. y Antonio J. Álvarez. Al primero es a quien se le atribuye el nombre dado al barrio, según se dice en gratitud a un médico bogotano llamado Juan Evangelista Manrique. Cabe resaltar también que la llegada del tranvía al barrio en 1921 fue por la influencia y los intereses de la empresa antes mencionada, la cual firmó un contrato con el municipio de Medellín para tal fin, contribuyendo con una subvención de veinte mil pesos y un préstamo de treinta mil, a unos bajos intereses y un largo plazo de financiación.
Así mismo, la electrificación fue una obra gestada a través de la compañía por los hermanos Álvarez. “La Compañía de Seguros y Urbanización contribuyó a financiar la instalación del alumbrado eléctrico en el barrio, con la suma de mil doscientos cincuenta pesos, y cinco pesos por cada lámpara que se instalara”.
Hacía 1932 ya se habían configurado varios barrios obreros entre los que se encontraban Pérez Triana –hoy Manrique Central uno y dos-, Campo Valdés número dos, y Berlín, barrios que fueron impulsados por los urbanizadores piratas. “Cuentan las crónicas de la época que de 1897 a 1921 prevaleció el coche tirado por caballos. En 1916 sólo había 13 automóviles” . Esto demuestra que el transporte automotor aún no estaba muy desarrollado en la ciudad, “sin embargo entre los años 36 al 46, los señores Tulio y José Arbeláez iniciaron el transporte para el barrio Manrique, con algunos vehículos a motor de gasolina, afrontando las dificultades de un terreno sin afirmar y sin asfaltar” .
Ya para 1949 sólo un 10% de la zona se había desarrollado con barrios como El Pomar, Campo Valdés número dos y Manrique Oriental número dos. Dice don Alfonso que “en 1952 se suspendió El Tranvía en Manrique, algo que representó un cambio difícil de asimilar, porque las costumbres se van volviendo leyes”. Por esta época se intensificó el desplazamiento de personas a causa de la violencia partidista, que utilizaban como medio el Tranvía de Oriente, cuya carrilera descendía por la vieja carretera a Guarne, cruzando a Manrique hasta la estación de Palos Verdes. “Yo caimaneaba como taxista y recogía a gente proveniente del Oriente -Marinilla, Rionegro, Guarne-, y otras subregiones como el Suroeste, y ellos me decían que se habían venido por la cuestión de la violencia desencadenada por la muerte de Gaitán en 1948”, relata don Alfonso.
“Para 1961 el crecimiento de la malla urbana alcanza un 40% de su territorio en donde se conformaron los barrios La Salle, Manrique Oriental y El Raizal; en 1978 se puede observar una conformación del 65%, con los barrios Las Granjas y Santa Inés; finalmente hacia 1985 los nuevos desarrollos se dan aislados ocupando áreas vacantes al interior de los barrios ya existentes” . “En el año 63 se inauguró la Casa Gardeliana, un verdadero museo dedicado a honrar la memoria del más famoso de los cantantes de tangos: Carlos Gardel”, con el ánimo de inmortalizar la figura del popular “Zorzal Criollo”, gratamente recordado en una zona que adoptó la vocación tanguera, según cuentan por cierta similitud de la carrera 45 con Caminito, el tradicional barrio tanguero bonaerense.
Para 1993 se da una ampliación del perímetro urbano de la ciudad incorporando a la Comuna Tres-Manrique los barrios Versalles número dos, La Cruz, Oriente, San José de la Cima Número uno, San José de la Cima Número dos y María Cano Carambolas . Hace más de cincuenta años don Alfonso Iral presagió lo que llegaría con el auge de la modernización. Fue por allá en la década del cincuenta, cuando escribió un texto en donde afirmó que al llegar el siglo XXI, “sería más fácil contar las hormigas, que los vehículos que habría en la ciudad”. Y aunque estos nos proporcionaron comodidades –según dice- “también trajeron consigo la lenta destrucción del medio ambiente y de nosotros mismos”. Hoy, en medio de sus inéditos escritos, don Alfonso se halla entre dos sentimientos encontrados. Cierto regocijo por haber premeditado lo que le iba a suceder al barrio y a la ciudad que lo acogieron desde niño, y el desconcierto que le produce el saber que su presagio finalmente se cumplió y que ante esto nada se pudo hacer.
Don Alfonso siente nostalgia por el ayer, por lo que vivió y hoy no está, por lo que pudo ser y no fue. “Extraño que no están los viejos amigos que tenía. Ya uno viene acá y no están porque muchos se han ido del barrio o a una mejor vida…”.